La noche es virgen, mí pecado no.
Furibundo por la resaca, Ángel despierta de un profundo sueño. Lleva puesto los mismos pantalones de la fiesta de ayer, la boca le sabe a ron y su aspecto irreconocible lo obliga a bañarse. La marca que lleva en el cuello le trae recuerdos de su noche salvaje, en tanto una chalina color virginal disimula el beso de la mujer vampiro. Nada le quedaba claro, los recuerdos difusos se tornan oscuros. Son las 7 p.m. cuando decide tomar su celular y llamar a Eliot, uno de sus amigos del colegio quien hace pocos meses decidió decirle sobre su inclinación sexual.
-¿Eliot, habla brother qué planes para hoy?
-Habla tío que tal, aquí pues alistándome para salir con unos amigos.
- Ya pes, voy a tu casa en media hora ¿Te parece?
-Ya vente, normal. Pero…
El celular dio su último suspiro, Ángel no recordó recargarlo luego de dos días de salidas furtivas con alguna de sus ex enamoradas. Creyó poder hacer de las suyas esa noche, sin saber realmente lo que le esperaba. Tomó las llaves de su casa y cerró la puerta despacio para evitar el chasquido de la puerta le trajera problemas con la menopáusica de su mamá, Evita. Partiendo desde
-¿Quién?- dijo una voz muy femenina.
-Buenas noches, ¿Se encuentra Eliot?
- Claro papi, pasa.
Ángel estaba más seguro que nunca, sería su noche. Esa voz ronca sólo podría provenir de una sirena. Su cantó despertó en el a Pirulino, su compañero de batallas interminables con mujeres prácticamente insaciables. Subiendo por el ascensor esperaba con ansias el encuentro. Su primera impresión fue impactante, quedó anonado y con la boca abierta, pero lamentablemente no por su belleza sino por el hecho de saber que esa voz exquisitamente ronca provenía del cuerpo de un hombre con cabellera larga, de tez morena, y que vestía un polo ceñido al cuerpo color rosa. “Hola papi soy Alexandra”, acercándose para darle un beso en la mejilla. Siguió como si nada hubiera pasado, mientras que Eliot lo llamaba por su nombre y lo invitaba a unirse con el grupo para entrar en ambiente. Ángel trató de cortar la circulación de su cuerpo para evitar que la sangre llegue a denotar el momento más incómodo de su vida. “Necesito un trago”, dijo, en tanto esquivaba el abrazo de su amigo. Se dirigió a la cocina mientras escuchaba las voces femeninas de 2 hombres que provenían de la sala de la casa adornada con una alfombra de piel de leopardo y sillones de colores apastelados.
Uno de ellos entró a servirse un trago. Le tomó la mano dándole un ligero apretón: “Hola, soy Carlos, no te preocupes que no muerdo”. Carlos era alto y con un cuerpo fornido que asentaban bien con su cabello ensortijado y su voz gruesa. Nunca hubiese creído que el fuera gay si Eliot no me hubiese dicho que era la pareja de Alexandra. Ambos pasaron a la sala y cuando el reloj marcaba las 11:30 ya era hora de ir al local. Dejaron el ron a medio acabar y el cenicero desbordado por cenizas y colillas de cigarros mentolados. Los ojos marrones claros de Ángel dejaban a relucir la ilusión de poder ir a cazar verdaderas presas sin sorpresas que dar. Bajaron por las escaleras y tomaron el primer taxi que se asomó. No importaba el precio, todos sólo querían llegar. “Av. Petit Thouars 1868 (Alt. Cda. 18 de
Ángel trataba de mantener el perfil bajo, no quería que lo metan en el mismo saco, especialmente de Alexandra quien esbozaba una gran sonrisa luego de su travesía sobre las piernas de Carlos. Todo el panorama solo mostraba calles solitarias, sin ninguna puta ni mujer con quien Ángel se podría meter. “¿Estaré en
-¿Dónde estamos?- dijo Ángel.
-Ya verás, papacito- dijo Alexandra con su voz sensual, mientras tocaba el timbre de la casa 868 que se encontraba a cinco pasos de la esquina.
La reja negra se abrió y mientras cruzaban el umbral de la puerta, Ángel empezaba a ser conciente del problema en el que se había metido y en los que se metería luego. Un pasadizo oscuro simulaba la fachada de un bar homosexual. PK2 eran las letras inmoralizadas en un gran cartel con luces de neón que cambiaban constantemente de color. Alexandra se dejaba llevar por la música electrónica y en una especie de éxtasis acorrala a Carlos en el pasadizo y le da un beso del cual Ángel fue testigo y nunca olvidará. Aceleró el paso para borrar la imagen de su mente y empujó a Eliot que estorbara el camino.
Televisores con imágenes repugnantes hacían de la mente de Ángel un infierno: sexo oral, penetraciones rítmicas de dos veces por segundo, penes enormes que hacían de Pirulino el hermano menor y gemidos exagerados de hombres que eran penetrados por otros con musculatura impresionante. Un caballero con camisa rosada los invita a pasar a la barra y les pide S/8 para la entrada. Eliot saca su billetera color verde claro y con un billete de S/20 cancela el pedido de los dos. Sabe que su compañero no daría nada dado el sitio en el que estaban. El “hombre” aproximadamente de 24 años les otorga el pase y les obsequia un preservativo de regalo para que hagan de las suyas, mientras se retira en búsqueda de sus nuevos clientes a pasos afeminados. Caminando por el local, Ángel es bombardeado por miradas lujuriosas de hombres indecentes entre 20 y 40 años, de los cuales algunos miraban hipnotizados la nueva película porno que se estrenaba en el local. La nueva presa camina por la sala para sentarse en uno de los sillones de cuero que se encontraba en la esquina para no ser fastidiado. Sólo necesita tomar, quedar inconciente y olvidar el sitio en el cual se encontraba.
La barra estaba totalmente vacía. Todos los visitantes ocupaban los sillones y disfrutaban de una jarra de cerveza Quara, la cual era acompañada por un “agarre bien calentón” con cualquier desconocido que se les acercara. Omar Rodríguez atiende a los visitantes al compás de la música que viajaba por el local. Trabaja ahí por 3 años y dice ser bisexual aunque su esposa no sabe de ese insignificante secreto. Le ofrece a Ángel una jarra de sangría por ser su primera vez esperando a que se repita el encuentro en un futuro cercano. Ángel haría todo por un poco de alcohol, eso lo sabemos todos. Le guiña el ojo y se dirige a su asiento con la esperanza que el regalo se repita.
Eliot había desaparecido, junto a Carlos y Alexandra. Una sala era dividida por una tela transparente color rojo que intrigaba a Ángel por momentos. Un poco picado y con mucho líquido almacenado en su hígado lo obliga a dirigirse al baño. Cruza la tela y observa en la habitación cabinas las cuales supondría que eran urinarios privados. “Los gays son muy exquisitos. En este nuevo mundo todo es posible”, se dijo mientras que se dirigía a misionar. La primera puerta llevaba cerrojo, razón por la cual se dirige al “urinario” del costado y encuentra a un hombre poniéndose el preservativo dispuesto a entrar en acción en cualquier momento junto a un señor que llevaba el pantalón bajo de las rodillas y en una pose quebradiza. Ángel corrió despavorido al otro cuarto y siguió su destino a la barra con gran urgencia tratando de encontrar a sus amigos. Eliot sale de la habitación ubicada detrás de la barra, al lado de sus dos amigos. Omar los despide con entusiasmo cuando Eliot logra divisar la cara despavorida de Ángel en el rincón de la pared.
-¿Dónde mierda has estado? Webon- dijo Ángel que llevaba ya bastantes tragos demás.
-Aquí pues divirtiéndome un rato.
- Divirtiéndote imbécil y yo qué. Pudriéndome con un montón de cabros que me han creído hasta puto.
- Eso te pasa por venir de rojo pues papi. Aquí todos son toros, tú que crees. No te hagas el webón bien que sabías. Tendrás el nombre, pero nicagando la cara de un ángel- Alexandra pronunció exaltada, mientras que Carlos la abrazaba por detrás.
- Lo lamento Angelito. Nos estábamos entreteniendo un ratito. Aquí atrás que alquilan habitaciones a 8 lucas la hora, y ya pues yo y Alexandrita cumplimos 3 meses y queríamos experimentar nuestro primer trío.
Ángel prefirió jamás oír eso. Se paró y se retiró sin más que decir. Nunca más volverá a pasar aquel calvario en el cual vivió los peores momentos de su vida. Las putas y los cines porno se convertirían en su nuevo desfogo sexual. Tomó el primer taxi que se le apareció, mientras que Eliot lo seguía para tratar de calmarlo. “A
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