
Primero se puso los chimpúnes, luego se convirtió en santo y actualmente es un pirata que va en búsqueda del amor y la aventura ¿Quién es realmente Jesús Neyra?
Jesús Neyra saltó de las canchas de fútbol a los estudios de grabación y se convirtió repentinamente en galán de telenovelas. Finalmente, esta aventura hizo que se decidiera por las tablas, dejó el balón y le puso máscaras a su alma para interpretar a los más codiciados personajes del teatro.
La verdad nunca le gustó mucho la actuación, pero su sangre puedo más que su voluntad. Jesús Neyra debutó por primera vez a sus 18 años en la telenovela “Graffiti”, una adaptación de la recordada serie “Tribus de la calle”, protagonizada por Christian Meier en la década de los 90. Al poco tiempo las fans no paraban de llegar para pedirle uno que otro autógrafo por la calle, mientras el pacientemente sacaba su lapicero y esperaba llegar a casa para saludar a su principal seguidora, su madre.
Desde pequeño su hermana mayor, Gianella Neyra, lo llevaba a los sets de televisión y un sin número de castings; sin embargo, nunca le gustó, ya que estaba seguro de su vocación como futbolista. Más adelante abriría los ojos y se daría cuenta que el destino ya le tenía preparado un camino: la actuación.
Pasión Futbolera
Su primer amor, el fútbol, lo llevó a jugar a Alianza Lima donde conoció a personajes como Reimond Manco, Aldo Corzo, Adrián Zela, entre otros. Su pasión tuvo que ser sofocada por un tiempo mientras estudiaba Ciencias de la Comunicación en la Universidad San Ignacio de Loyola y paralelamente llevaba cursos de actuación en el talleres de Alberto Ísola y Bruno Odar. La balanza se iría inclinando poco a poco hacia el lado artístico.
Para “J”, como lo llaman sus amigos, el fútbol lo ayudó a desenvolverse como artista. El trabajo en equipo y la relación con sus compañeros son cosas que rescata de las tardes de ´pichanga´. “La actuación es un trabajo en conjunto, si el otro falla tú fallaste y por ende la obra también. Lo mismo que el fútbol, solo que el teatro no te deja ser egoísta”.
Su debut en las tablas
Luego de haber experimentado la fama decidió cambiar de escenario. Dejó atrás las cámaras para enfrentarse por primera vez a un público de 1400 personas que albergaba el Teatro Municipal del Callao. La obra en la que participaría se llamó “A Pie, Descalzos ¡Vamos!”, montada por su mentor Bruno Odar y en donde participaría con personajes de gran talla como Rossana Fernández Maldonado.
En este caso dejaría atrás los vicios de la televisión para interpretar a un personaje más complejo, San Francisco. Por ello, no le bastó leer tres libros biográficos de su personaje, sino que para entenderlo completamente pasó un fin de semana con franciscanos, labrando la tierra y limpiando las jaulas de cuyes. Al terminar el proceso dejó de ver a San Francisco como un personaje más, sino como un símbolo cuya mirada de tristeza era necesaria para su interpretación
El personaje le llevó un poco de tiempo, ya que aparte de la gran capacidad actoral que le demandaba tuvo que aprender a cantar. Entonces dejó de cantar en la bañera o en algún karaoke vacío de domingos por la mañana para hacerlo frente al escenario que lo reclamaba para que empiece su interpretación. Jesús Neyra se alejó de los chocolates y cambió la Coca Cola bien helada por una infusión de manzanilla para relajarle la garganta y abrigarla cada vez que el clima lo demandara.
Sus nuevas aventuras
Actualmente “J” posee nuevos retos. En el Auditorio del Centro Cultural El Olivar, las nuevas promesas del teatro peruano se encargarán de dar vida a esta obra de humor negro cuyo fin es crear una crítica social al mundo contemporáneo sobre las necesidades humanas. En esta ocasión el destacado director de teatro y mentor, Alberto Ísola, lleva al escenario la hilarante comedia de Gerardo Macebo de Castillo “Las tremendas aventuras de la Capitana Gazpacho”.
Para este caso, Jesús nos transportará a un mundo de piratas en donde se convertirá en el grumete de la capitana Gazpacho, quien se encuentra en búsqueda constante del amor sin saber que quien lo acompaña se encuentra hipnotizado por su androgenismo. Luego de ver a mujeres piratas, señoras latinoamericanas que quieren ser inglesas, amas de casas maltratadas, grumetes no correspondidos, entre otros, observaremos la versatilidad de un gran actor que pese a su repentina santidad será el mejor de los piratas.
Jesús Neyra saltó de las canchas de fútbol a los estudios de grabación y se convirtió repentinamente en galán de telenovelas. Finalmente, esta aventura hizo que se decidiera por las tablas, dejó el balón y le puso máscaras a su alma para interpretar a los más codiciados personajes del teatro.
La verdad nunca le gustó mucho la actuación, pero su sangre puedo más que su voluntad. Jesús Neyra debutó por primera vez a sus 18 años en la telenovela “Graffiti”, una adaptación de la recordada serie “Tribus de la calle”, protagonizada por Christian Meier en la década de los 90. Al poco tiempo las fans no paraban de llegar para pedirle uno que otro autógrafo por la calle, mientras el pacientemente sacaba su lapicero y esperaba llegar a casa para saludar a su principal seguidora, su madre.
Desde pequeño su hermana mayor, Gianella Neyra, lo llevaba a los sets de televisión y un sin número de castings; sin embargo, nunca le gustó, ya que estaba seguro de su vocación como futbolista. Más adelante abriría los ojos y se daría cuenta que el destino ya le tenía preparado un camino: la actuación.
Pasión Futbolera
Su primer amor, el fútbol, lo llevó a jugar a Alianza Lima donde conoció a personajes como Reimond Manco, Aldo Corzo, Adrián Zela, entre otros. Su pasión tuvo que ser sofocada por un tiempo mientras estudiaba Ciencias de la Comunicación en la Universidad San Ignacio de Loyola y paralelamente llevaba cursos de actuación en el talleres de Alberto Ísola y Bruno Odar. La balanza se iría inclinando poco a poco hacia el lado artístico.
Para “J”, como lo llaman sus amigos, el fútbol lo ayudó a desenvolverse como artista. El trabajo en equipo y la relación con sus compañeros son cosas que rescata de las tardes de ´pichanga´. “La actuación es un trabajo en conjunto, si el otro falla tú fallaste y por ende la obra también. Lo mismo que el fútbol, solo que el teatro no te deja ser egoísta”.
Su debut en las tablas
Luego de haber experimentado la fama decidió cambiar de escenario. Dejó atrás las cámaras para enfrentarse por primera vez a un público de 1400 personas que albergaba el Teatro Municipal del Callao. La obra en la que participaría se llamó “A Pie, Descalzos ¡Vamos!”, montada por su mentor Bruno Odar y en donde participaría con personajes de gran talla como Rossana Fernández Maldonado.
En este caso dejaría atrás los vicios de la televisión para interpretar a un personaje más complejo, San Francisco. Por ello, no le bastó leer tres libros biográficos de su personaje, sino que para entenderlo completamente pasó un fin de semana con franciscanos, labrando la tierra y limpiando las jaulas de cuyes. Al terminar el proceso dejó de ver a San Francisco como un personaje más, sino como un símbolo cuya mirada de tristeza era necesaria para su interpretación
El personaje le llevó un poco de tiempo, ya que aparte de la gran capacidad actoral que le demandaba tuvo que aprender a cantar. Entonces dejó de cantar en la bañera o en algún karaoke vacío de domingos por la mañana para hacerlo frente al escenario que lo reclamaba para que empiece su interpretación. Jesús Neyra se alejó de los chocolates y cambió la Coca Cola bien helada por una infusión de manzanilla para relajarle la garganta y abrigarla cada vez que el clima lo demandara.
Sus nuevas aventuras
Actualmente “J” posee nuevos retos. En el Auditorio del Centro Cultural El Olivar, las nuevas promesas del teatro peruano se encargarán de dar vida a esta obra de humor negro cuyo fin es crear una crítica social al mundo contemporáneo sobre las necesidades humanas. En esta ocasión el destacado director de teatro y mentor, Alberto Ísola, lleva al escenario la hilarante comedia de Gerardo Macebo de Castillo “Las tremendas aventuras de la Capitana Gazpacho”.
Para este caso, Jesús nos transportará a un mundo de piratas en donde se convertirá en el grumete de la capitana Gazpacho, quien se encuentra en búsqueda constante del amor sin saber que quien lo acompaña se encuentra hipnotizado por su androgenismo. Luego de ver a mujeres piratas, señoras latinoamericanas que quieren ser inglesas, amas de casas maltratadas, grumetes no correspondidos, entre otros, observaremos la versatilidad de un gran actor que pese a su repentina santidad será el mejor de los piratas.
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