martes, 10 de agosto de 2010

La maga de la música



Tenía solo cinco años cuando aprendió a tocar guitarra. ¿Cómo? Veía a sus hermanas mayores


El gusto por la música siempre estuvo ahí. Recuerda su niñez acompañada de los infaltables discos y casetes de su madre y de su padre, melómanos. Quienes la acostumbraron a escuchar canciones de “La sonora matancera” y mucha zarzuela.


Recuerda sus días de infancia en un colegio militar de San Borja donde los profesores eran estrictos y los roles, tanto del hombre como de la mujer, muy marcados. Odiaba las clases de tejido, bordado y cocina: “No ataba, ni desataba”, cuenta ella, por lo cual enviaba a su madre ha hacer sus quehaceres escolares. Ella hubiese preferido participar de la banda de su colegio, o jugar a la construcción con sus compañeros, pero en aquellos días solo podía acostumbrarse a “los juegos femeninos”.

Fue una niña tímida a la que le gustaba pintar y la que, paradójicamente, jamás participó de una obra, de un musical, o de alguna actuación por el día de la madre. Nos cuenta que debía elegir entre llevar clases de pintura o de música; sin embargo, ella optó por la primera opción. Aunque más que pintar siempre le gusto dibujar. No le gustó el colegio ni el método con el que enseñaban, no obstante, recuerda con mucha nostalgia a su profesor de arte quien fue diferente a los demás, más cercano, menos estricto, mas buena gente.


Magali empezaba aquella transición entre la niñez y la adultez y ya gozaba de mucho conocimiento musical debido a los diferentes gustos de su familia. Sus padres escuchaban opera y sus hermanas música de los setentas y de los ochentas, rock, trova, canciones progresistas y de protesta. Eran tiempos en los que el acceso a la música no era tan fácil, en los que se intercambiaban casetes con los amigos por la tarde y se escuchaba música por simple gusto.


Ella tenía 16 años y el país se sacudía por un contexto de hiperinflación, de violencia y de crisis, pero el amor estaba en el aire. En esos días conoció a su primer enamorado quien la acercó más a la guitarra y le enseño a leer partituras.

La época del colegio se esfumo entre melodías, acordes, besos y dibujos. Las familias trataban de sobreponerse a tremenda crisis que azoto al país en la década de los ochentas y ella quería estudiar diseño publicitario, pero debía esperar ya que tenía 3 hermanas estudiando en universidades diferentes.


Entonces, como muchos otros jóvenes, se inscribió en clases de inglés. Paralelamente empezó con las de guitarra, aunque tiempo después dejaría de lado el inglés sin permiso ni conocimiento de sus padres. Trabajó como recepcionista y como secretaria, no obstante, se dio cuenta que trabajar como anfitriona de cigarrillos o cerveza era más rentable. Nunca le gustó los horarios de oficina y mucho menos las largas horas de espera. Pero debía seguir con aquella extraña pasión que se apoderada de su alma. La música.


Un efecto por defecto

El destino le tenía una buena pasada. Pese al sueño truncado de estudiar diseño, Magali encontró su verdadera pasión en la música. Las partituras, el ritmo, la combinación de sonido, entre otros, empezaron a convertirse en el amor de su vida. Primero ingresó al Instituto Kodály de Lima, donde comenzó la aventura musical estudiando Dirección Coral y se instruyó con uno de los mejores cantautores peruanos, Juan Diego Flores, aunque no en las mismas aulas. Más adelante seguiría tratando, junto con su hermana, en el Conservatorio Nacional del Perú donde culminaría sus estudios en la especialidad de Contrabajo.

Su talento la ha llevado a participar con una serie de reconocidos grupos, tales como Líbido, Frágil, Daniel F, entre otros. Sin embargo, alguna vez trató de formar uno. Sándalo era el nombre conformado por un grupo de amigas, entre ellas la fundadora Magali Luque, en la cual tocaban temas propios y en donde experimento la rudeza del mundo musical. Sus anécdotas e historias son cosas que aún recuerda. “Conservamos la amistad, pero no la música. En la aventura solo quedan pocos”, nos cuenta sin temor a equivocarse.


Posteriormente, caminaría sola entre las notas musicales y escribiría su vida en una nueva partitura. Lanzándose como solista en el 2007 con su CD Básica, nos recuerda los sentimientos principales que mueven al mundo.


Actualmente, Magali se convierte en un puercoespín sobre las tablas del teatro El Olivar. Junto a las hermanas Paz, Andrea y Claudia, Magali Luque muestra su versatilidad en el mundo del arte e interpreta a Clavito, uno de los personajes de la obra “Conejo, todo para conejo”. Esta vez no solo su voz nos deleitará sino también utilizará todos sus talentos para introducirnos en un mundo infantil.


´La maga de la música´ nos encanta a través de sus hechizos, conjuros que son plasmados en sus letras de amor y desamor. Casi como el canto de una sirena, nos atrae hipnotizados a sumergirnos en un mar de melodías para el deleite de nuestros oídos.

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